La ola de calor ha llegado a Barcelona al mismo tiempo que el principio de verano. Estamos contentos de que los buenos días continúen, pero además de ser un cambio de temperaturas, ésto significa también cambios en nuestro cuerpo. Puesto que hace mucho calor, transpiramos más y nos deshidratamos más rápido de lo normal, perdiendo el agua que nuestro cuerpo contiene.
     Una parte importante son nuestros mayores, a los que con el tiempo el reflejo de la sed les va desapareciendo por lo que sería muy recomendable que siempre tuvieran en casa varias botellas de agua a la vista para que se acordaran de que tienen que beber.
     Lo que debemos saber es que el agua siempre debería ser una parte imprescindible en nuestra vida y el principal aporte de hidratación para nuestro cuerpo. Aunque las bebidas refrescantes con gas o zumos y néctares envasados así como el alcohol nos puedan dar la sensación de que ya no tenemos sed, en realidad no nos están hidratando correctamente (al contrario, cuando bebemos alcohol nos puede provocar exudación). Además de permitirnos vivir, beber una cantidad suficiente de agua cada día permite eliminar las toxinas que pueden crear tensiones en el cuerpo. También permite que los músculos y las articulaciones tengan un aporte de agua necesario para protegerlos y facilitar su movimiento. Los ligamentos estarán aún más reforzados y su resistencia aumentará.
     La ingesta recomendada de unos 2 litros (8 vasos) diarios de agua además nos ayudará a mantener nuestros discos intervertebrales correctamente hidratados para así evitar futuras dolencias, como por ejemplo, lumbalgias, ya que los músculos de esta zona no estarán lo suficientemente fortalecidos y como consecuencia no protegerán de manera adecuada nuestra columna vertebral.
     Lo ideal sería tomar 2 vasos por la mañana, 2 al mediodía, 2 por la tarde y 2 por la noche. No tendríamos que esperar a tener la sensación de sed, hay que tomar conciencia y aplicar el agua como un hábito de vida saludable para nuestro cuerpo.